En la cama con Mr. Parkinson

Nuestro Ulises ha llegado a su próxima misión: desvestirse para irse a la cama. Una vez más, os puedo asegurar que este post es apto para todos los públicos…

Con la mano derecha ataca a la hebilla del cinturón,  la izquierda carece de psicomotricidad fina y desde hace tiempo ha adoptado la posición de “escribano”, como si sujetara permanente una estilográfica y además no olvidemos que el brazo está siempre doblado pues tiene que llevar el bolso de Mr. P. , según su neuróloga una distonía pero a fin de cuentas, sólo puede contar con la mano derecha para todo.

¡Vaya por Dios!, el hebijón, que así se llama al perno móvil que atraviesa los agujeros CREMALLERA ABIERTAdel cinto, en una extraña maniobra se ha quedado en diagonal impidiendo que la correa se deslice. Lo ha descubierto por “el método Braille“  al tacto, pues el intenso dolor de espalda le impide adelantar el tronco para ver lo que está pasando. Por fin cede. ¡Bien!, ¡a por el botón y la bragueta! No hay manera, el botón está durísimo. Cambia de estrategia y manipula el ojal. La cremallera es pan comido, tendrían que dar el premio Nobel a sus inventores.

El pantalón se desliza por las piernas hasta llegar al suelo, es el momento de sacar los pies de las perneras. Aplicando la ley del mínimo esfuerzo, con la punta del pie izquierdo intenta pisar sobre la parte de atrás del bajo de la pernera derecha. Si hay suerte, bueno, más que suerte, lo que hace falta es que las perneras sean anchas. Tras varios intentos, Ulises pasa al peligroso plan B que consiste en sentarse al borde de la cama, tirar del bajo con la mano, deslizar la pernera y sacar el pie si se puede ya sin calcetín, y repetirlo en el otro lado, y lo que es peor, ponerse  de nuevo de pie.

El polo de punto se atasca en los lugares más insospechados. No puede tirar más que desvestirse pixabaydel cuello, lo brazos no le dan para agarrar desde la cintura. Nuestro parkinsonita Ulises ya tiene experiencia, lleva 15 años navegando por el mar de parkinson. Por debajo de la almohada asoma un pijama. Agotado decide no ponérselo. Supondría cinco minutos más de Calvario y por hoy iba servido.

Parece que ya se acaban las penas para Ulises. CRASO ERROR. Se vuelve a sentar en el borde de la cama, pero ahora apunta en diagonal. Con la espalda intenta alcanzar la almohada. Los pies cuelgan hasta casi llegar al suelo y hay que subirlos y meterlos en la cama. La operación es compleja  y en ocasiones precisa de ayuda.

Animo Ulises, ya sólo quedan dos pasos “muy sencillos”: taparse y encontrar la postura, si es que existe.

Nuestro parkinsonita se encuentra “desparramado” por la superficie de la cama, cada parte de su cuerpo ha aterrizado como ha podido. Se acuerda de cuando pescaba pulpos en su infancia. Luego había que golpearlos 100 veces contra las rocas para que estuvieran blandos, de ahí la expresión le dieron la del pulpo. Hoy basta con congelarlo. Se siente como un pulpo tras ser pasado por la piedra.

Si quería encontrar su postura no le quedaba otra que reagrupar sus miembros. La pierna izquierda había aterrizado cerca del borde, muy lejos de la otra, era necesario juntarlas. Utilizó la técnica del deslizamiento, sólo aplicable las noches que “pintan bien” y recordemos que esta noche pintaba bien.

La técnica del deslizamiento tiene un inconveniente y es que acabas haciéndote la autopetaca. Creo que estas dos frases que acabo de escribir sólo las pueden entender los parkinsonitas avezados y expertos, incomprensibles para principiantes y no digamos para sanos.

Voy a intentar explicarlo, pero tiene bemoles, no sé si lo lograré. ¿Habéis oído hablar de una broma que se llama “la petaca”?  para no iniciados lo pueden ver en Youtube, el video es penoso, La petaca: https://www.youtube.com/watch?v=JPcOYb40oDI La expresión habitual es “le hicieron la petaca”

Consiste en acortar el espacio ocupable de cama, sometiendo las sabanas dobladas en vez de extendidas. Nunca le vi la gracia a la broma y menos ahora pues Mr. Parkinson se entretiene haciéndonos la petaca a los parkinsonistas veteranos. Al deslizar un miembro se desliza también la sábana de arriba o la funda del edredón y va formando una bolsa creciente que acaba siendo pillada por el miembro en movimiento impidiendo su avance. En “on” con tirar de la sabana con la mano se acaba el problema y es raro que se produzca pues en “on“ el miembro no se desliza, se eleva unos milímetros para desplazarse, en “off” es harina de otro costal.

Pero volvamos con Ulises y su odisea. Tras grandes esfuerzos ya ha logrado agrupar más o menos las distintas partes, pero se encuentra boca arriba y su postura de confort es de lado. Acerca los talones a los glúteos, las piernas quedan en posición de V invertida respecto del colchón, con su mano derecha agarra su muñeca izquierda

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¡Ojo, ciérrate!

estirando el brazo al máximo. Deja caer el brazo y las rodillas hacia la derecha y ya está de lado, pero incómodo. Tiene que seguir desplazándose hasta encontrar una postura similar a la de confort, sabe que la auténtica es inalcanzable. Por ello se repite a si mismo, que no está tan incomodo. Ulises ordena cerrarse al ojo, pero el ojo no se cierra, no hay manera de dormirse después de la maratón que ha vivido. Y el ojo que no se cierra. Recuerda aquel ataque de sueño tan fuerte que le dio en la butaquita, quien lo tuviera. Y el ojo que no se cierra. Se imagina la ceremonia de entrega del Premio Nobel al inventor de la cremallera. Y el ojo que no se cierra….

 

Firmado: Javier Freundlich

 

7 comments

  1. He sentido angustia ante los problemas que los parkinsonianos encuentran en su vida cotidiana. También una gran admiración por no rendirse y adaptarse a las limitaciones de movilidad con esfuerzo y tesón. Animo y un gran abrazo

  2. Debo reconocer que dentro de lo penoso que es tener que vivir estas experiencias en tareas tan cotidianas un día tras otro, me has hecho reír, me he sentido muy identificada más que en acostarme, en otras tareas como moverme en la cama o incluso desvestirme para la ducha y si estoy un poco OFF (tengo a Párkinson revoltoso).

    En esto de moverse en la cama, tiene su riesgo y controversia generalmente con tu acompañante ya que arrastramos con todo lo que pillamos, dejando al compañero/ra al “aire libre», llevándonos mantas, sábanas y todo lo que en ese momento esté cerca, sin intención lógicamente, como bien dices buscamos una postura cómoda ( ¡¡ qué difícil encontrarla!! ☹ ) …

    A todo esto, calculando bien, porque en caso contrario, el golpe contra el suelo es monumental y en el silencio de la noche, despiertas al más dormilón de tus vecinos. Por no entrar, en cómo subirte después a la cama….😟

    La cuestión de todo esto, es mantener cierta “filosofía” en todas estas experiencias para no caer en el abismo negro y oscuro que tanto nos acecha ….😉

    Gracias amigo, como siempre un crack …

    1. Querido Carles:

      Para un no iniciado, el post puede parecer un texto del teatro del absurdo, pero para nosotros es novela costumbrista. Muchas gracias por tu aportación

      Javier Freundlich

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